E-READER

Pessoal, a professora de espanhol, Alejandra Oliveira, que deu aula na nossa escola até recentemente, postou algo no facebook que achei muito bom e  colei aqui, para leitura de todos nós. Além de ser interessante, é em espanhol, assim, alguns poderão praticar a leitura…

O que vocês pensam sobre as ideias do texto? Aguardamos respostas…

Suzana Bins

La memoria del lector

Un e-reader puede almacenar muchas obras, pero el papel se alza como el soporte sobre el que más recordamos lo que leemos.

KARELIA VÁZQUEZ 20 MAY 2012 – 00:00 CET8

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LA MEMORIA DEL LECTOR

Dicen que Larry Page, uno de los cofundadores de Google, está preocupado porque la lectura digital, incluso en tabletas y e-readers, sigue siendo más lenta que la que hemos hecho toda la vida, la de letras impresas sobre papel. Y no solo más lenta, sino menos eficiente. Así que Page, un gurú de Internet de pedigrífuera de toda discusión, reconoce que compra frecuentemente dos copias del mismo libro, la electrónica y la impresa.

La conclusión de los usuarios veteranos de estas lides, aquellos que corrieron a comprarse los primeros e-readers hace ya unos años, es que la portabilidad es la gran ventaja de estos gadgets porque no tiene precio viajar con la biblioteca en el bolso. Lose-books y las tabletas son perfectos para leer con fines de ocio, pero si la intención es aprender, memorizar o estudiar, hincar los codos sobre el papel impreso sigue sin tener sustituto conocido.

Si usted es de los que tienen que imprimir para quedarse con algo de lo que lee, no se sienta como un dinosaurio en medio de tanto nativo digital (solo lo son los que tenían entre 5 y 15 años en 2001, cuando Marc Prensky lanzó el concepto), sencillamente, le está dando a su cerebro lo que él le pide, información espacial física a la que agarrarse para recordar. Contexto, se llama. Así funcionamos desde que el mundo es mundo y así era hasta que llegó Internet.

Si necesita sentirse acompañado en su tozudez analógica, lea lo que le pasa a Larry Page: “Cuando estoy usando un libro para trabajar necesito tener una copia física cerca del ordenador que me recuerde lo que he aprendido y lo que puedo necesitar. Todo me viene a la cabeza mientras paso las páginas, y si no veo la portada de vez en cuando, olvido lo que podría servirme de ese material”.

El neurocientífico Marc Changizi explica en su blog por qué nos orientamos mejor hojeando las páginas de un libro que viajando por la barra de un e-book: “En la naturaleza, la información viene con direcciones físicas y señales temporales que nos permiten navegar por ella. Esas frambuesas que encontramos el año pasado en lo alto de la montaña, detrás del bosque, seguirán estando este año allí. Hasta la popularización de Internet, los mecanismos para almacenar información eran espaciales y nos permitían usar nuestras innatas habilidades de orientación. Nuestras bibliotecas y nuestros libros, los reales, no sus variantes electrónicas, eran sumamente navegables”.

El doctor José Luis Molinuevo, neurólogo del hospital Clínic de Barcelona, explica que la memoria episódica tiene una dimensión verbal que implica fundamentalmente al hipocampo izquierdo del cerebro, y otra visual, que activa el derecho. “Cuando intentas memorizar información verbal se activa el hipocampo izquierdo, pero si te dan además claves visuales, el hipocampo derecho también entra en acción y entre los dos ayudan a que la consolidación sea más fácil. Es un mecanismo automático que ponemos en marcha. Memorizar de un libro donde las referencias son siempre las mismas es difícil”.

Para recordar algo que hemos leído en una pantalla tenemos que repasarlo varias veces. Eso muestran los estudios que comparan lo que aprendemos de un texto leído en una pantalla frente al mismo texto visto sobre papel. Kate Garland, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, ha estudiado el asunto para concluir que “necesitamos más repeticiones para retener algo de lo que leemos en una pantalla”. Su estudio comparó cómo entendían y recordaban los contenidos los lectores de un e-book frente a los de un libro de papel, y los resultados mostraron que los que habían recibido la información a través de un soporte digital pasaban más tiempo intentando recordar hechos y nombres de personajes, mientras que los que leían sobre papel conseguían una comprensión más completa y eran capaces de recordar mucho más de lo que habían leído.

Los investigadores creen que la desventaja de la pantalla es precisamente esa, ser una pantalla. Es decir, un espacio en blanco con pocos puntos de referencia a los que agarrarnos. En un libro de papel podemos recordar si lo que hemos leído estaba en la página par o impar, a la derecha o a la izquierda, si estaba arriba o abajo, al inicio o al final del libro, tenemos incluso el número de la página, algo que no existe en muchos e-books.

José Hamad es scout literario del mercado español, y más de una vez ha discutido con editores de todo el mundo que “algo falla en la memoria visual cuando se lee, incluso ficción, en un e-reader”. “No es lo mismo leer una novela con fuentes, tamaños de letra, textura de papel diferentes que te ayudan a diferenciar entre un texto y otro. En un e-reader, sin embargo, se tiende a igualar en todos los textos la tipografía (fuentes, interlineado, tamaño de letra, longitud de línea)”.

Jacob Nielsen, un experto clásico de eso que en español se traduce como usabilidad de la web (los detalles que hacen Internet más fácil de usar), asegura que “teclear o desplazarse con la barra para buscar algo distrae más que pasar la página de un libro”. Este experto señala que el tamaño de la pantalla importa, y mucho. “Recordamos mucho menos lo que leemos en las pantallas pequeñas como las de los teléfonos”.

Clay Shirky, defensor de la aglomeración digital, la inteligencia colectiva y el ser social a cualquier precio, defiende que leer tiene que ser un acto solitario si queremos aprovecharlo. En sus predicciones hechas para el blog Findings sobre cómo será (y es) la lectura social –al tiempo que leemos, todo lo que subrayemos se compartirá y comentará en la nube de Internet– sostiene que la experiencia tiene que venir tras el acto de leer. Para compartir hay que tener cosas que decir, contenidos que comentar. Así que, dice Shirky, “la lectura social tiene que ser diferida, no una experiencia en tiempo real, porque ahora mismo, perdonen, pero estoy leyendo”.

A vez da narrativa

   Na mesma atividade relatada antes, a aluna Júlia Flor escreveu uma narrativa sobre uma das propostas apresentadas: falar sobre a guerra do ponto de vista de um soldado. Olhem que texto genial ela fez!

           Seus Olhos

        Correr. Agachar. É só o que eu preciso fazer: correr e agachar. E atirar. É uma festa, só preciso pensar que é uma festa. Escute os fogos, meu bem, as explosões. De raspão!… Morram todos, seus inúteis, que não me deixam ir pra casa ver meu amor. Mas eles também sabem amar. Mentira, são o inimigo, não têm coração. Isso mesmo, seu desgraçado, direto pro inferno. Sua mãe vai sentir sua falta? Pois eu não vou, vá embora, me deixe aqui com a minha solidão. E com os fogos. Isso, feche os olhos, imagine o céu, as cores lindas que não lembram o sangue, que não lembram a morte. Mais dois. Estão com o diabo agora, seus infelizes, que não me deixam ir pra casa ver meu amor. Tropeça, levanta, corre. Fogos. Cheiro de sangue, cheiro de pólvora. Eu os odeio, todos eles. Eles me odeiam? Não me importa. Pensamentosfelizes. Seus olhos. Fogos de artifício sobre a minha cabeça. Tropeça, levanta, corre. Seus olhos…

               Júlia Flor, M1G

POESIA NO AR

Depois de lermos  e trabalharmos três poemas em sala de aula, nas quatro turmas de primeiras séries, os alunos foram desafiados a criar, escrever literatura, escolhendo entre três temas relacionados aos  poemas lidos. As alunas Daniela e Larissa, da M1E escolharam escrever sobre a dor de perder alguém. Confiram:

A dor de quem perde alguém

Silêncio
Um grito sem voz
Que ecoa na escuridão da alma
Na tristeza de meu olhar
A solidão que me tira a calma

Me encontro em desencontro
Perdido de mim
Era a minha sincera razão
Eu choro, me sinto até tonto
Por aquela que amei sem fim

Bons tempos aqueles
Em que com ela sorri
Mas de volta, nunca mais,
Aqueles momentos especiais…
Minha amada eu perdi

Aflição, agonia
Morrerei de solidão
Por aquela dor furiosa
Que arranhou meu coração.

Daniela Nissinen e Larissa Neubarth

SOBRE FANTASMAS, VAMPIROS E AFINS

A aluna Daniela Mei Lipp Nissinen, da M1E, fez um resumo do capítulo terceiro do livro Para ler literatura como um professor, de Thomas Forster, denominado Prazer em comê-lo: atos de vampirismo. Confiram-no.

No capítulo “Prazer em comê-lo: atos de vampirismo”, o autor, Thomas Foster tem o objetivo de mostrar características da literatura que trata de criaturas assombradas, como vampiros e fantasmas. Percebe-se que o autor busca nos ensinar a ler as “entrelinhas” dos textos e, assim, a desvendar a presença de significados escondidos em palavras e frases. Também são apresentadas e comentadas algumas das mais importantes obras de vampirismo da época vitoriana e da modernidade, bem como seus respectivos autores consagrados, por exemplo, Drácula de Bram Stoker e O médico e o monstro de Robert Louis Stevenson.

Segundo o autor, os escritores vitorianos procuravam, através de mensagens subliminares, colocar “para fora” e de modo aberto o que realmente sentiam sobre um determinado assunto ou situação, no caso o vampirismo e em particular a questão do sexo, temas considerados tabu naquela sociedade. Para isso, utilizavam a estratégia de esconder suas opiniões e pontos de vista em entrelinhas, ou seja, tudo aquilo que estava “por trás” da história. A compreensão desse fato ajuda a reconhecer o que realmente estava na mente dos autores ao escrever histórias tão assustadoras e aterrorizantes. Portanto, nem tudo o que lemos é necessariamente como parece ser. Foster demonstra então que o vampirismo não se trata somente de vampiros, mas de aspectos de nossa realidade mais comum: o egoísmo, a exploração, a luxúria e o desrespeito pela autonomia de outras pessoas. Essa seria a representação da linha tênue entre o cotidiano e o monstruoso. A perspectiva do autor pode ser vista em suas afirmações: “fantasmas e vampiros nunca são apenas fantasmas e vampiros” e “enquanto as pessoas agirem em relação ao próximo de maneira exploradora e egoísta, o vampiro estará entre nós”.

 

Daniela Nissinen M1E

 

 

 

DICA DE LEITURA

Minha dica de leitura vai para o livro: “Capitães da Areia” de Jorge Amado.

O livro teve uma primeira versão em 1937, porem a versão que eu li foi a de homenagem aos 100 anos de Jorge Amado.

Minha opinião sobre o livro é básica. Básica no sentido de que o livro é muito bom. A historia toda é contada na visão dos meninos de rua, o que para mim já foi uma surpresa, pois nunca havia visto um livro que falasse sobre “o mundo” na visão dos meninos de rua. O bando liderado por Pedro Bala,  mora em um velho trapiche abandonado na cidade de Salvador, e sobrevive de roubos e pequenos furtos. E como em todo romance, no meio de tantas armações Pedro Bala acaba conhecendo uma menina  chamada Dora,  e se envolvendo com ela, que no decorrer do livro, morre devido à uma doença.

O livro é um clássico da literatura, escrito pelo grande Jorge Amado, que conta a historia dos meninos do trapiche de uma forma fantástica . A historia é envolvente:  a cada página que passa,  você quer ler mais e mais… Um daqueles tipos de livro que é impossível parar de ler.  #fica a dica.

            Bernardo Castro -  M1E

PESQUEIRO – ENSINAR LITERATURA

Luís Augusto Fischer
Zero Hora   28 de abril 2012 

Pelo país afora o ensino formal de literatura tem sido atacado. De maneira direta, quando escolas ou sistemas inteiros retiram horas de aula de literatura da grade, por considerarem coisa menor; de maneira indireta, em concursos públicos como o feito agora para professor estadual, em que os formados em Letras ― em Letras! ― não precisaram enfrentar sequer uma mísera questão envolvendo literatura; ou no ENEM, que rebaixou os conteúdos literários a um papel de mero coadjuvante.

Isso ocorre na mesma hora em que florescem variados modelos e estratégias de leitura, para crianças ou adultos, em criativas oficinas, círculos de leitores, festas e festivais, configurando todo um contexto de ensino livre, não-escolar, de literatura – e na mesma hora em que o mercado do livro experimenta um estágio de amadurecimento inédito no país. E tudo isso sendo contemporâneo da popularização dos computadores, dos leitores eletrônicos, dos celulares capazes de milagres.

É boa hora para ensaiar uma nova defesa do ensino de literatura. Vão aqui algumas idéias.

POR QUÊ LITERATURA?

Educação, desde os gregos antigos e desde os primórdios da tradição judaico-cristã ― as duas raízes mais fundas do Ocidente ―, é tarefa coletiva: ela diz respeito ao conjunto das pessoas, à sociedade, e não a qualquer indivíduo isoladamente. Educação implica cultura, civilização, tradição letrada, tudo isso e mais que isso; um ensaio clássico, de Werner Jaeger, resolveu chamar essa totalidade de “paidéia”, palavra grega que veio a ser o nome do ensaio em que é descrita.

Dentro da paidéia antiga, grega ou judaico-cristã, o livro ocupa lugar de destaque. É nele que se reúnem histórias, poemas, memórias, visões do futuro e do passado, acúmulo de experiência humana que os tempos resolveram chamar de literatura. Este termo por certo conheceu transformações em sua abrangência; hoje, o que concebemos como literatura não inclui mais, em regra, os textos religiosos, levados que foram para contextos específicos, com intérpretes que disputam seu significado vivamente e afastam comentaristas leigos; nem inclui mais os textos científicos, habitantes também de um domínio privado; nem mais os textos dos tratados das áreas que se pode chamar de humanísticas (Direito, Filosofia, História, etc.).

Mesmo assim, o que hoje chamamos de literatura é um reino quase infinito: traz em si a maior parte dos escritos anteriores às especializações modernas, assim como tudo que se produziu e produz em matéria de ficção, poesia, drama, ensaio, memória, crônica, etc. E esse material constitui a paidéia e é transmitido concretamente pela via da educação. Aqui fica o endereço mais sólido do ensino de literatura.

Mas a cultura brasileira também se alimenta nas tradições que não chegaram ao livro, ou não chegaram à escrita como forma dominante de preservação da experiência, como foi o caso dos índios sul-americanos e dos africanos escravizados, em sua maioria. Este poderia ser um argumento a favor da transmissão oral, e não a favor do livro: para essas tradições não-livrescas, a educação se praticou espontaneamente, de pai e mãe para os filhos.

Certo; mas mesmo essas tradições ágrafas chegaram ao livro, com o passar do tempo. Com atraso, sem escola regular nem o devido apoio dos grupos cultos, mas chegaram. Hoje, ainda que se possa encontrar força em tradições apenas orais, é certo que o livro como instrumento beneficia a todas essas tradições, porque também elas se encontram nele, todas se servem dele para a transmissão.

Dito de outro modo: para todas as tradições que formam nosso país, sem ir mais longe, o livro é importante, para letrados e não-letrados; e o livro se transmite pela educação, pela vivência escolar da paidéia. Concretamente: no plano coletivo, leigo, aberto, plural, se transmite pelo ensino de literatura. E esses são os motivos de fundo da existência desse ensino.

PARA QUÊ LITERATURA?

Pelo menos três são os fins profundos, radicais, complexos, definitivos, do ensino de literatura, no Brasil de nosso tempo.

O primeiro fim é dar acesso a um patrimônio coletivo de altíssimo valor. Sonegar este acesso é um crime; proporcionar acesso é um dever da escola. Qual valor? Ora, na literatura se expressaram artistas e pensadores indispensáveis ao cidadão culto, sejam eles os escritores brasileiros ou os de outras línguas e países. No Brasil, a literatura realizou já o postulado multicultural que tanta gente espera para o futuro: o país de sul a norte e de leste a oeste; a nação de alto a baixo, os ricos e conformistas como Olavo Bilac tanto quanto os pobres e insubordinados como Lima Barreto; o povo de tudo que é jeito, gente letrada europeizada e gente iletrada orgulhosa de sua raiz africana ou indígena, para nem falar dos misturados de todos os matizes, a esmagadora maioria de nós; a literatura brasileira deu direito de cidade aos dialetos todos, bastando lembrar Simões Lopes Neto ou Guimarães Rosa. A cultura brasileira, a paidéia brasileira, se lê na literatura, que além disso é excepcional porta de entrada para toda a história da cultura brasileira, em suas várias instâncias.

O segundo fim é dar a conhecer uma imensa variedade de textos, dos mais diretos e simples, como uma crítica em forma de rap, aos mais complexos e sutis, na forma de um poema ou um ensaio sofisticados. Não estamos aí constatando as deficiências insuportáveis de leitura da maioria de nossos patrícios, três quartos dos quais não sabem ler textos complexos? Pois é: se eles tivessem tido acesso decente à literatura, conhecendo os incontáveis modelos (romance, ensaio, poesia, crônica, memória, canção) e penetrando em suas entranhas, é certo, certíssimo que teriam sido habilitados para a leitura complexa. Poderíamos acrescentar que o ensino de literatura no Brasil é (e precisa ser reconhecido como) importante porque ele lida com a língua da sexta (ou quinta) economia do mundo, de um país que é um ente relevante para a ordem internacional, como nunca antes. (Um dado: do português falado em todo o mundo, cerca de 95% dos falantes nativos são os brasileiros. Isso quer dizer que temos uma presença mundial forte, a que nunca prestamos muita atenção. Onde está um instituto para divulgar nossa língua e nossa literatura mundo afora, como os Institutos Goethe, Cervantes e Confúcio? Vamos continuar esperando que Portugal, com seus 3% da população de língua portuguesa do mundo, tome a iniciativa?)

O terceiro fim é proporcionar caminhos para desenvolver um valor seminal para todas as áreas do conhecimento e da prática humana, um valor nada menos que essencial, e que no entanto é quase invisível: a imaginação. Quem lê imagina, muito mais do que quem assiste tevê ou joga um game, do que quem comparece a uma exposição ou presencia uma encenação. (Sim, este argumento aqui é claramente logocêntrico ― logos, a palavra, o conceito, a razão; logos, o cerne vivo da literatura.) Quem lê proficientemente destrava a capacidade imaginativa e assim se habilita para outras imaginações, das científicas às políticas, das cotidianas às metafísicas.

O QUE É E O QUE NÃO É

Ensinar literatura não se reduz a apresentar os textos canônicos elegantes, nem apenas os que caem no vestibular, que no entanto são importantes, porque aí está a vida real dos formandos do ensino médio. Nem se limita a expor esquemas descritivos da história da literatura, os quais, porém, têm méritos interessantes, porque sintetizam experiências coletivas, épocas, tendências do espírito em cada momento, afinando ou desafinando a melodia da história dura, na economia, na política, na sociedade.

Ensinar literatura não é apenas ler com os alunos os textos, embora isso seja essencial: ao longo das séries todas, do começo ao fim da vida escolar (e na universidade, por que não?), o professor é o leitor mais experiente que pode e deve abrir as portas, mostrar os atalhos, indicar os veios principais e os ramos menores de cada texto, de cada tradição particular. Esse acompanhamento é insubstituível, ainda mais num país de escassa tradição letrada, em que as famílias não costumam conviver com livros ou com leitura, restando à escola a tarefa demasiada de fazer tudo isso.

Ensinar literatura não se opõe a ensinar português, nem a estudar e praticar redação. Certo que por largo tempo, até os anos 1960, português, redação e literatura costumavam ter o mesmo e aborrecido foco ― Bilac, Rui Barbosa e outros escritores pernósticos que pareciam ser o máximo, mas eram um excesso formalista, agora devidamente afastado para a gaveta das excentricidades históricas. Mesmo assim, essa antiga equivalência, essa fenecida exclusividade, ainda hoje é perniciosa.

Mas não há motivo para gastar nossa energia matando esse cadáver; é mais do que tempo para avançar. Hora de estudar o português brasileiro na literatura brasileira, não à parte dela, e de incluir na literatura da escola as cada vez mais competentes traduções à nossa língua; hora de incorporar à circulação escolar o vasto e magnífico repertório da canção, em que a veia lírica da língua portuguesa no Brasil encontrou um meio excelente de vida; hora de escrever a partir da literatura que se pratica e se praticou em nosso país, no continente americano e no mundo.

Hora também de os professores de língua pararem de achar que literatura não é com eles; de os pedagogos e gestores do ensino começarem a ler literatura, e não apenas manuais de doutrina; de os colegas todos entenderem que a língua e a cultura da língua dizem respeito a todos, não apenas a quem explica onde vai o acento e a vírgula; de os professores de literatura como disciplina autônoma, no Ensino Médio, entrarem em circuito com os colegas de língua, de história, de filosofia, para dar notícia da riqueza que é de todos e se expressa nos livros que estudamos. Hora, não menos, de os gestores aparelharem as bibliotecas das escolas e das comunidades, comprando as novidades e os clássicos. 

SARAU!

SARAU, QUERIDINHOS(AS)!
É na quinta-feira, dia 26, às 18:30 no Anfiteatro. Como é lá, não haverá, desta vez, comidinhas e bebidinhas, por motivos óbvios. Estamos esperando todos(as): alunos(as), ex-alunos(as), professores(as), ex-professores(as), pais, mães, irmãos(ãs), namorados(as), amigos(as). O tema é ótimo, porque quase qualquer texto serve: POESIA.
Apareçam!

Suzana Bins

Não se leem apenas palavras.

A aluna JULIANA ALVES, da turma M1A, escreveu uma análise muito legal sobre um estudo realizado pelo autor Flávio Carneiro, no livro O leitor fingido. A aluna selecionou o seguinte trecho para tecer os seus comentários:

” Não se leem apenas palavras, sabemos. Pode-se ler um romance ou um poema tanto quanto se pode ler no rosto de alguém um traço de dor, um sorriso,um modo de ajeitar o cabelo, ou como se pode ler uma roupa, o céu, um jardim. E até mesmo uma onda do mar pode ser lida(…)”

De acordo com a aluna Juliana, é importante observar que a palavra PODER é muitas vezes citada. Tal incidência a fez procurar o significado desse vocábulo no dicionário, encontrando a seguinte definição: poder é ter a possibilidade de; a oportunidade de ter domínio ou controle; ter força física ou moral; energia e influência.

Diante da tais informações, a aluna Juliana Alves começa o seu texto crítico, intitulado “O leitor fingido pelo olhar de Juliana”

Já dizia a famosa frase “querer não é poder”. É assim que acontece com a literatura. Não adianta somente pegar um livro qualquer e ler mecanicamente. Para que uma boa leitura aconteça, é necessário imaginação, repertório cultural ampliado e, principalmente, boa vontade por parte do leitor.Há livros que exigem do leitor um conhecimento especial, porém todos os livros exigem interesse e imaginação. Com esses dois importantes fatores, a leitura passa a ser muito mais prazerosa e sempre trará benefícios ao leitor. 

Ao ler o texto teórico “O leitor fingido” pensei em um cego que não exerga com os olhos, porém consegue enxergar com as mãos, ouvidos, boca e nariz, o que exige dele também imaginação. Um homem cego não julga uma comida pela aparência ou um livro pela capa.

Um homem cego prova a comida e lê com imaginação. Assim acontece com o bom leitor, pois sonha, imagina, prova e vive sentimentos, cheiros, gostos…tudo através das PALAVRAS, códigos que descrevem nossos sentimentos”

 

Associação dos Professores de Literatura

  • Tive o privilégio de participar de uma reunião no  sábado, 14 de abril,  que considero histórica. No Centro Municipal de Cultura Lupicínio Rodrigues, um grupo de pessoas, em sua maioria professores de Literatura (entre eles Luís  Augusto  Fischer, Paulo Seben, Sérgius Gonzaga, Flávio Azevedo, Marcelo Frizzon) reuniram-se e, em torno de uma visão comum acerca da importância da Literatura como espaço de criação, de imaginação, de manutenção da memória, de resistência a uma realidade cada vez mais coisificadora, de democratização de pensamentos e saberes, criaram a Associação dos Professores de Literatura.
    Guardem esse nome. Ainda vão ouvir falar muito nesse grupo.

    Suzana Bins